Una madriguera (en inglés rabbit hole) es la abertura de aspecto inocente a través de la cual te precipitas en un mundo mucho más grande y mucho más extraño de lo que esperabas. Haces clic en un enlace, lees una nota al pie, miras un vídeo, y tres horas después estás leyendo un artículo de 1974 sobre los hábitos reproductivos de un escarabajo cuya existencia ignorabas, con diecinueve pestañas abiertas y sin recordar a qué te habías sentado a hacer. La expresión nombra a la vez la entrada y el descenso.
La imagen viene del comienzo de Alicia en el País de las Maravillas de Lewis Carroll (1865), donde Alicia sigue a un Conejo Blanco con chaleco por una madriguera en un seto y cae, lenta y como en sueños, a un mundo gobernado por reglas distintas. El túnel de Carroll no es una amenaza — es un portal. Alicia es curiosa, la madriguera invita, y el extraño país del fondo es donde empieza de verdad la historia. Durante un siglo la expresión se mantuvo cerca de ese sentido: una aventura elegida hacia un lugar desconocido.
El verbo
En algún momento de la era de internet "rabbit hole" pasó de sustantivo a verbo. Meterse en una madriguera — caer por una madriguera — es seguir una línea de indagación más allá del punto en que servía a tu propósito inicial, hacia un territorio interesante por razones propias. La expresión lleva consigo una ambivalencia característica. Puede significar que aprendiste algo maravilloso que no habrías encontrado de otro modo. Puede significar que perdiste una tarde. A menudo ambas cosas.
Una distinción útil:
- Una buena madriguera te deja con un nuevo mapa de un rincón del mundo — un campo desconocido, una historia olvidada, un oficio cuyo vocabulario ignorabas. El tiempo se fue, pero algo quedó depositado.
- Una mala madriguera te deja sólo con el residuo del scroll — indignación consumida, comparaciones hechas, dopamina gastada. No recuerdas qué leíste, sólo que seguías leyendo.
La forma del descenso, vista desde dentro, se parece mucho, y en parte por eso la mala funciona tan bien. Un algoritmo de recomendación que optimiza la interacción tiene todos los incentivos para hacer que la basura parezca el País de las Maravillas.
La geometría moderna
La madriguera ya no es redonda. Los sistemas de recomendación, las colas de reproducción automática y los feeds infinitos han convertido lo que antes era una serie lateral de clics elegidos en un túnel que camina por ti. La vieja madriguera exigía curiosidad e iniciativa — tenías que seguir alargando la mano hacia el siguiente enlace. La nueva sólo exige que no te levantes. La Alicia de Carroll cayó porque saltó; el lector moderno cae porque el suelo ya se está moviendo.
Lo que no ha cambiado es el momento de reconocimiento en el fondo, cuando emerges y miras el reloj. A veces es el cansancio satisfecho de haber aprendido algo real. A veces es el pequeño desconcierto avergonzado de haber sido alimentado. Aprender a distinguir esos dos finales, en el minuto anterior a hacer el siguiente clic, es ya la mayor parte de lo que significa leer en internet.